A ti, Señor, levanto mi alma; Dios
mío, en ti confío; no quede yo defraudado; que no se burlen de mí mis enemigos,
pues los que esperan en ti, no quedan defraudados.
Ad te levávi ánimam meam, Deus
meus, in te confído, non erubéscam. Neque irrídeant me inimíci mei, étenim univérsi
qui te exspéctant non confundéntur.
Oremos:
Señor, despierta en nosotros, al comenzar el Adviento, el deseo de prepararnos
a la venida de Cristo con la práctica de las obras de misericordia, para que,
puestos a su derecha el día del juicio, podamos entrar al Reino de los cielos.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Yo haré nacer del tronco de David un vástago santo
Lectura del libro del profeta
Jeremías
33, 14-16
Vienen días, dice el Señor, en que
yo cumpliré la promesa que hice a los habitantes de Israel y de Judá. Entonces, en aquellos días, suscitaré a David un
retoño legítimo, que practicará la justicia y el derecho en
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor
Sal 24, 4-5.8-9.10 y 14
Múestrame,
Señor, tus caminos.
Ad te, Dómine, levávi ánimam meam.
Muéstrame, Señor, tus caminos,
muéstrame tus sendas; guíame en tu verdad, enséñame, pues tú eres el Dios que
me salva.
Múestrame, Señor, tus caminos.
Ad te, Dómine, levávi ánimam meam.
El Señor es bueno y recto,
señala el camino a los pecadores; guía por la senda del bien a los humildes,
les enseña el camino.
Múestrame, Señor, tus caminos.
Ad te, Dómine, levávi ánimam meam.
Todas las sendas del Señor son
amor y fidelidad para quien guarda su alianza y cumple sus mandamientos. El
Señor da su confianza al que lo honra, y le da a conocer su alianza.
Múestrame, Señor, tus caminos.
Ad te, Dómine, levávi ánimam meam.
Que el Señor los fortalezca hasta que Jesús vuelva
Lectura de la primera carta del
apóstol san Pablo a los Tesalonicenses
3, 12-13; 4, 1-2
Hermanos: Que el Señor los haga
crecer y desbordar de amor de unos a otros y a todos, tan grande como el que
nosotros sentimos por ustedes. En fin, que cuando Jesús, nuestro Señor, se
manifieste junto con todos sus elegidos, los encuentre interiormente fuertes e
irreprochables como consagrados en presencia de Dios, nuestro Padre.
Por lo demás, hermanos, les rogamos y exhortamos en el nombre de Jesús, el
Señor, que de la misma manera que aprendieron de nosotros cómo conviene que se
comporten y agraden a Dios, cosa que ya hacen, así lo sigan haciendo para
progresar todavía más. Conocen las normas que les dimos de parte del Señor
Jesús.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aleluya, aleluya
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
Osténde nobis, Dómine, misericórdiam tuam, et salutáre tuum da nobis.
Aleluya.
Se acerca su liberación
† Lectura del santo Evangelio según
san Lucas
21, 25-28.34-36
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo dijo Jesús a sus
discípulos:
"Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra la
angustia se apoderará de los pueblos, asustados por el estruendo del mar y de
sus olas. Los hombres se morirán de miedo, al ver esa conmoción del universo;
pues las fuerzas del cielo se estremecerán violentamente. Entonces verán al
Hijo del hombre venir en una nube con gran poder y gloria. Cuando empiecen a
suceder estas cosas, cobren ánimo y levanten la cabeza, porque se acerca su
liberación.
Procuren que sus corazones no se entorpezcan por el exceso de comida, por las
borracheras y las preocupaciones de la vida, porque entonces ese día caerá de
improviso sobre ustedes. Ese día será como una trampa en la que caerán
atrapados todos los habitantes de la tierra.
Estén atentos, pues, y oren en todo tiempo, para que se libren de todo lo que
vendrá y puedan presentarse sin temor ante el Hijo del hombre".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Oremos, hermanos y hermanas, al Señor, y pidámosle confiadamente que despierte
su poder y venga a salvarnos.
Para que podamos despertar del sueño de nuestras indolencias y recibamos con
alegría la salvación que se acerca, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Para que se afiance la paz en el
mundo, y las riquezas de la creación se transformen en instrumento de progreso
y bienestar para todos los seres humanos, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Para que el Señor, con su venida,
alivie los dolores de los enfermos, dé paz y alegría a los que sufren en su
espíritu y libre al mundo de sus males, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Para que vivamos siempre alerta sin
que las preocupaciones de la vida nos impidan mantenernos en pie cuando llegue
el Hijo del hombre, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Celebrante:
Señor Dios, Padre y Redentor nuestro, que nunca olvidas las obras de tus manos;
escucha las plegarias de tu pueblo y no permitas que nos desviemos de tu
camino, sino que, como siervos responsables, vivamos siempre en vela,
aguardando la venida de tu Hijo Jesucristo, que vive y reina por los siglos de
los siglos.
Amén.
Acepta, Señor, estas ofrendas que hemos
tomado de tus mismos dones, y concédenos que esta Eucaristía que nos permites
celebrar nos alcance la salvación eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Las dos venidas de Cristo
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Quien al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne, realizó el plan
de redención trazado desde antiguo y nos abrió el camino de la salvación; para
que cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria, revelando así la
plenitud de su obra, podamos recibir los bienes prometidos que ahora, en
vigilante espera, confiamos alcanzar.
Por eso,
con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin
cesar el himno de tu gloria:
[Misa]
El Señor nos dará la lluvia y
nuestra tierra producirá su fruto.
Dóminus dabit benignitátem,
et terra nostra dabit fructum suum.
Oremos:
Por nuestra participación en esta Eucaristía enséñanos, Señor, a no poner
nuestro corazón en las cosas pasajeras, sino en los bienes eternos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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